CON INMENSA ALEGRÍA LA DIÓCESIS CELEBRÓ
A SANTA TERESA DE JESÚS, SU PATRONA SECUNDARIA
Con inmensa alegría, una gran cantidad de fieles se hizo presente para celebrar a la patrona del partido de Lanús y patrona secundaria de nuestra Diócesis.
Bajo una leve llovizna, el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni, acompañado de sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y una nutrida concurrencia de fieles, encabezó la procesión por las calles de «Lanusita», manifestando públicamente su fe el jueves 15 de octubre.
Posteriormente, el Padre Obispo Maxi presidió la Santa Misa en la Parroquia San Judas Tadeo. Durante su homilía, recordó la historia e importancia de la festividad de Santa Teresa para la comunidad local, al tiempo que destacó el espíritu valiente de la santa y el gran legado que dejó a la Iglesia:
«Teresa encaró una profunda reforma del Carmelo. Encontró conventos que muchas veces se habían acomodado a la medida de mujeres piadosas que querían vivir en común, pero que no reflejaban la hondura del seguimiento de Jesús. Contemplarla nos invita a preguntarnos cómo podemos ser también nosotros transformadores de realidades que ya no funcionan. Lo decimos desde la fe: conversión personal y conversión de las estructuras. Qué lindo cuando el Espíritu suscita personas como Teresa, que no se quedan en la pesadez de la queja ni en la oposición estéril, sino que van hacia adelante con creatividad».
Asimismo, Monseñor Margni remarcó que «Santa Teresa está en el origen de la identidad de fe de Lanús»:
«Hacia 1854 llegó a estas tierras la familia Lanús, que donó los terrenos para la estación ferroviaria. En 1870, don Anacarsis Lanús construyó en su propiedad una capilla y la consagró a Santa Teresa de Jesús, en memoria de su madre, que se llamaba Teresa. Fue el primer templo de la zona: allí empezaron los bautismos, los casamientos y, de vez en cuando, la misa. Desde 1922 la cuidan las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, que sostuvieron esta devoción con su misión. Con los años, Santa Teresa fue proclamada patrona de la ciudad y del partido, y hace 25 años, al nacer esta nueva realidad diocesana, Monseñor Frassia la designó patrona secundaria de Avellaneda-Lanús».
En este marco festivo, la Diócesis se encuentra en la celebración de su Año Jubilar al cumplirse los 25 años de la unión de Avellaneda y Lanús. Al respecto, el obispo compartió su alegría por el reconocimiento institucional recibido:
«El Honorable Concejo Deliberante de Lanús declaró de interés municipal nuestro jubileo diocesano. Celebramos 25 años de una nueva realidad eclesial: Avellaneda y Lanús, dos territorios unidos en una sola diócesis. Lo vivimos con un lema que lo dice todo: “Renovando la alianza, caminamos juntos”».
Durante la celebración, las religiosas renovaron sus votos consagrados ante el obispo y toda la asamblea.
A continuación, compartimos la transcripción de la homilía del Padre Obispo Maxi Margni
HOMILÍA DE LA FIESTA DE SANTA TERESA DE JESÚS,
PATRONA DE LANÚS
Querido pueblo de Dios:
Gracias por estar juntos en esta fiesta, y gracias de manera especial a las religiosas y los religiosos que hoy renuevan sus votos ante toda la asamblea.
Para el obispo fue un día lleno de luz desde temprano. A la mañana bendijimos nuevamente la imagen restaurada de Santa Teresa, en los jardines del edificio municipal. Al mediodía, en una sesión extraordinaria, el Honorable Concejo Deliberante de Lanús declaró de interés municipal nuestro jubileo diocesano. Celebramos 25 años de una nueva realidad eclesial: Avellaneda y Lanús, dos territorios unidos en una sola diócesis. Lo vivimos con un lema que lo dice todo: “Renovando la alianza, caminamos juntos”.
En el salmo rezábamos a la casa de Dios. Así la sentimos en este templo bendito, y en cada uno de los templos que tenemos a lo largo y a lo ancho del territorio: cada parroquia, cada capilla, como la del Sagrado Corazón, junto a la estación, tan significativa para Lanús.
Santa Teresa está en el origen de la identidad de fe de Lanús. Hacia 1854 llegó a estas tierras la familia Lanús, que donó los terrenos para la estación ferroviaria. En 1870, don Anacarsis Lanús construyó en su propiedad una capilla y la consagró a Santa Teresa de Jesús, en memoria de su madre, que se llamaba Teresa. Fue el primer templo de la zona: allí empezaron los bautismos, los casamientos y, de vez en cuando, la misa. Desde 1922 la cuidan las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, que sostuvieron esta devoción con su misión. Con los años Santa Teresa fue proclamada patrona de la ciudad y del partido, y hace 25 años, al nacer esta nueva realidad diocesana, Monseñor Frassia la designó patrona secundaria de Avellaneda-Lanús.
Qué figura tan inspiradora nos regaló esa historia. Doctora de la Iglesia, mística, maestra de espiritualidad, teóloga y poeta. Una mujer del siglo XVI, cuando no era nada fácil que una mujer pudiera desplegar esas capacidades. Y, sobre todo, una mujer de coraje.
Teresa encaró una profunda reforma del Carmelo. Encontró conventos que muchas veces se habían acomodado a la medida de mujeres piadosas que querían vivir en común, pero que no reflejaban la hondura del seguimiento de Jesús. Contemplarla nos invita a preguntarnos cómo podemos ser también nosotros transformadores de realidades que ya no funcionan. Lo decimos desde la fe: conversión personal y conversión de las estructuras. Qué lindo cuando el Espíritu suscita personas como Teresa, que no se quedan en la pesadez de la queja ni en la oposición estéril, sino que van hacia adelante con creatividad.
Era conocida también por su buen humor, un humor inteligente. No se dejaba atrapar por la mala onda ni por la violencia. En estos tiempos de palabras rápidas y ofensivas, en los que parece que todos andamos un poco cargados de rabia, quizás nos haga bien inspirarnos en nuestra patrona.
La oración colecta la presentaba como modelo de una humanidad que sintió el ardor del deseo de Dios. Qué transformador resulta dejarnos provocar por ese amor, que es capaz de sacar lo mejor de nosotros mismos.
El Evangelio de la samaritana nos muestra a un Jesús sediento. El Señor tiene sed, una sed como la nuestra: sed de justicia, de paz, de alegría. Vivimos tiempos con formas de tristeza muy complicadas. Hay una tristeza que se instala, que te tira para abajo y te copa la vida, y es un pecado difícil de combatir. Frente a eso, dejémonos animar por el ardor que despierta el amor de Dios, esa sed profunda del corazón humano que lo busca.
En estos días celebramos a Santa Teresita, patrona de una parroquia de Avellaneda, cuyo párroco, el padre Marcelo, nos acompaña hoy, y a San Francisco. Tuvimos también la peregrinación a Luján, que este año fue multitudinaria. Hubo tormenta, llovió, y nadie aflojó. Es todo un signo de resiliencia. Hoy también nos agarró la lluvia, y sin embargo caminamos igual, en procesión junto a Santa Teresa.
Estamos esperando al Papa León. Rezamos por su salud, ya que fue intervenido hace poco, y pedimos que se reponga y pueda visitarnos en noviembre, como está previsto.
La segunda lectura nos hablaba de los dolores de parto. A los hombres nos dicen que se parecen a unos cólicos, pero la verdad es que no lo sabemos. Son imagen de los dolores que aparecen en la vida no para quedarse en dolor, sino porque traen vida nueva. Se diría que este tiempo tan desafiante viene con dolores de parto: las guerras en el mundo, las discordias en las familias, en las comunidades, en el país. Que Dios nos regale atravesar las tormentas como una mujer atraviesa el parto, sabiendo que lo que viene es vida.
Teresa estaba convencida de que el Evangelio se vive a fondo, con una fe que sale al encuentro de los que sufren. Le pido su intercesión por quienes hoy la están pasando tan mal. Hoy hubo movilizaciones; quizás este no sea el espacio para adherir a ellas, pero sí para expresar nuestra preocupación por los ancianos y los jubilados, por las personas con discapacidad, por los universitarios que sienten amenazadas sus posibilidades de estudiar. Lo digo con corazón de pastor, en esta casa santa, queriendo rezar con mi pueblo para salir adelante.
Nuestra sed más profunda solo se calma en Jesús: en su persona, en su causa, en sus enseñanzas. Pidamos juntos la intercesión de Santa Teresa y de la Virgen de la Asunción, nuestra patrona, para que nos anime ese deseo ardiente de Dios. Lo pedimos renovando la alianza en este jubileo. Nuestra diócesis es como un organismo con dos pulmones, Avellaneda y Lanús, que le dan respiración a la Iglesia para servir mejor a nuestra gente, con más capacidad de amor, de entrega y de servicio. Que, respirando juntos, le demos vida a este pueblo bendito que tenemos como vecinos, como compatriotas, como hermanos, avellanedenses y lanusenses, unidos en esta casa.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
Lanús, 15 de octubre de 2026.
