FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
“MIS OJOS HAN VISTO LA SALVACIÓN” (LC 2,30)
En la fiesta de la Presentación del Señor, el Evangelio nos regala una imagen sencilla y luminosa: Simeón y Ana reconocen a Jesús no por su poder, sino por su presencia humilde. No hacen nada extraordinario: esperan, miran y acogen. Y eso les basta para decir: “mis ojos han visto la salvación”.
Esta es también la vocación profunda de la vida consagrada: ser hombres y mujeres que, en medio de lo ordinario, aprenden a reconocer a Dios cuando pasa.
Desde esta única idea, propongo cuatro consejos sencillos para quienes celebran hoy su consagración:
1. Cuidar la espera
Simeón y Ana no se resignaron ni se distrajeron: esperaron con fidelidad. La vida consagrada está llamada a no perder la tensión del corazón, a no acostumbrarse, a seguir esperando a Dios incluso cuando parece tardar.
2. Permanecer en el Templo
Ana “no se apartaba del Templo”. Permanecer no siempre es quedarse en un lugar, sino habitar la oración, volver una y otra vez a la fuente, sostener la misión desde la intimidad con Dios.
3. Aprender a ver con los ojos del Espíritu
Simeón reconoce la salvación en un niño pobre. La vida consagrada es profética cuando sabe ver lo grande en lo pequeño, la gracia en lo frágil, la luz incluso en la contradicción.
4. Vivir disponibles para soltar
“Ahora puedes dejar que tu servidor muera en paz”. Quien ha visto a Cristo puede soltar seguridades, etapas, obras y hasta protagonismos. La vida consagrada testimonia que Dios basta, y por eso libera.
Queridas consagradas y consagrados, gracias por ser memoria viva de esta mirada creyente en la Iglesia. Que como Simeón y Ana, puedan seguir diciendo cada día, con serenidad y esperanza: “Mis ojos han visto la salvación”.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda-Lanús, 02 de febrero de 2026.
