MENSAJE CON OCASIÓN DEL DÍA DEL MAESTRO

 

Queridos educadores, maestras y maestros, personal de nuestras comunidades educativas, familias y alumnos:

Con ocasión del Día del Maestro quiero saludar a todos los que forman parte del mundo de la educación expresándoles, en nombre de nuestra Iglesia diocesana, mi más profundo agradecimiento y reconocimiento.

Como recuerdan mis hermanos obispos de la Comisión Episcopal de Educación: “Ser educador es mucho más que impartir una clase o seguir un programa de estudios; es un acto de amor y de esperanza que tiene el poder de transformar el mundo”.

Por eso, hoy mi gratitud se extiende a todos los que hacen posible la misión educativa y evangelizadora en nuestros colegios:

A los docentes, que cada día entregan su vida con generosidad y pasión.
Al personal directivo, administrativo y de apoyo, que con su servicio silencioso sostienen la vida escolar.
A las familias, que acompañan, contienen y confían en la escuela.
Y a los alumnos, corazón de nuestras comunidades, que nos inspiran con su frescura, su creatividad y sus sueños.

Sabemos que la educación atraviesa tiempos difíciles: la sobrecarga laboral, la precariedad económica, la violencia y el desánimo son desafíos reales. No podemos ser indiferentes a estas heridas que reclaman de toda la sociedad —y en especial de quienes tienen responsabilidades públicas— un compromiso más fuerte con la educación.

Sin embargo, creemos firmemente que la educación sigue siendo semilla de esperanza. Cuando se vive como misión compartida entre escuela, familia e Iglesia, transforma vidas y abre horizontes. El Pacto Educativo Global nos recuerda que educar es un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación.

Este año, además, tenemos un motivo especial de alegría y esperanza: Gastón Díaz, alumno del Instituto Santa Faz de Lanús, ha sido elegido entre los 10 mejores estudiantes del mundo, el único de toda América Latina en recibir este honor. Su ejemplo ilumina el camino de tantos jóvenes que, con dedicación y esfuerzo, ponen en juego todas sus capacidades. Nos recuerda también la entrega de sus docentes y directivos, que cada día luchan por una educación de calidad, integrada con la pastoral de nuestra Iglesia, donde educar y evangelizar van de la mano.

Queridos hermanos y hermanas, sigamos sembrando en cada aula la esperanza de un futuro más justo, humano y fraterno. Educar con la cabeza, el corazón y las manos – como tantas veces repetía el querido Papa Francisco – es el modo más concreto de transformar la realidad y acompañar a nuestros jóvenes en su crecimiento integral.

Que la Virgen María, Madre y Educadora, los bendiga, los fortalezca y los anime a no bajar los brazos en esta noble vocación.

Con afecto y gratitud,

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 11 de septiembre de 2025.