Conclusión del Año Santo y anuncio de un Año Jubilar Diocesano por los 25 años de Avellaneda-Lanús: “Renovando la alianza, caminamos juntos”

 

En la noche del domingo 28 de diciembre, la Catedral de Avellaneda-Lanús fue escenario, en un clima de gran alegría, de la Misa conclusiva del Jubileo de la Esperanza, presidida por el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni. La celebración se realizó en el marco litúrgico de la Fiesta de la Sagrada Familia, en comunión con todas las diócesis del mundo que cerraron en este fin de semana el Año Santo.

En su homilía, el Obispo invitó a hacer memoria agradecida del camino recorrido durante el Jubileo, vivido como un tiempo de renovación interior, perdón y esperanza, siguiendo la invitación del Papa Francisco a ser “peregrinos de esperanza”. Con palabras de profundo reconocimiento, recordó la figura del pontífice recientemente fallecido, en la que destacó su magisterio centrado en la misericordia, la evangelización, la alegría del Evangelio y la cercanía a los más pobres, y expresó con emoción el agradecimiento de toda la Iglesia por su testimonio y servicio.

Al iluminar la Palabra de Dios proclamada en la fiesta de la Sagrada Familia, el Obispo subrayó el contraste entre la prepotencia del poder, representada por Herodes, y la fuerza humilde de Dios que se manifiesta en la fragilidad de la Sagrada Familia, obligada a huir y a convertirse en peregrina para salvar la vida del Niño Jesús. En ese contexto, destacó que la huida a Egipto es también una peregrinación de fe y esperanza, imagen del camino de la Iglesia, llamada a no responder con violencia sino a cuidar la vida y a confiar en la fidelidad de Dios que siempre acompaña.

En el momento central de la celebración, el Obispo anunció la convocatoria a un Año Jubilar Diocesano, con motivo de los 25 años de la unión de Avellaneda y Lanús en una nueva realidad diocesana, acontecida el 24 de abril de 2001 por decisión del Papa san Juan Pablo II. Señaló que este nuevo jubileo será un tiempo de gracia para fortalecer el vínculo que une al Pueblo de Dios que peregrina en esta porción de la Iglesia, y una oportunidad para renovar la comunión y el impulso misionero.

El Padre Obispo Maxi propuso vivir este año con el lema “Renovando la alianza, caminamos juntos”, e invitó a las comunidades a disponer el corazón mediante un momento penitencial, pidiendo perdón por los pecados cometidos contra la unidad, y a rescatar la memoria de los testigos de la fe que marcaron la historia de las distintas comunidades. Destacó la centralidad del Espíritu Santo, protagonista de toda renovación eclesial, como el que hace posible la unidad en la diversidad y anima el caminar sinodal de la Iglesia.

También se anunció que, como parte de la animación pastoral de este Año Jubilar Diocesano, se presentarán un logo y un himno oficiales, con los que han colaborado dos destacados artistas pertenecientes a la comunidad diocesana. El logo es obra de Marcela Frías, diseñadora gráfica oriunda de Lanús, y expresa visualmente el camino de comunión, alianza y esperanza que la diócesis está llamada a recorrer. Asimismo, el himno jubilar será compuesto por el músico y cantautor Daniel Poli, y acompañará celebraciones, encuentros y momentos significativos de este tiempo de gracia.

La celebración de este domingo concluyó con un canto de acción de gracias por el Jubileo de la Esperanza, y con la invitación del Obispo a poner este nuevo tiempo jubilar diocesano bajo la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de la Asunción, y de Santa Teresa de Jesús, pidiendo que la diócesis de Avellaneda-Lanús siga peregrinando unida, sostenida por la esperanza que no defrauda y comprometida en anunciar el Evangelio con una Iglesia cada vez más fraterna, misionera y en salida.

La homilía completa del Padre Obispo Maxi se trascribe a continuación.

HOMILÍA PARA LA MISA CONCLUSIVA DEL JUBILEO
DE LA ESPERANZA EN LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS

 

Queridos hermanos y hermanas:

Con esta celebración damos conclusión, en nuestra Iglesia diocesana, al Jubileo de la Esperanza. Lo hacemos, como un año atrás cuando vivimos la apertura, en el marco litúrgico de la Fiesta de la Sagrada Familia. Y sobre todo lo hacemos en comunión con todas las diócesis del mundo, que hoy cierran este Año Santo, que culminará definitivamente el próximo 6 de enero cuando el Papa León cierre la Puerta Santa en Roma.

A lo largo de todo este año hemos querido vivir como “peregrinos de esperanza”, siguiendo la invitación que nos hizo nuestro querido Papa Francisco. Todos recordamos que fue él, ya marcado por la debilidad de los años, quien abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en la Nochebuena del año pasado. Y ha sido precisamente durante el Jubileo que culminó su vida terrena. “Su voz profética, su estilo pastoral y su rico magisterio han marcado el camino de la Iglesia en estos años, animándonos principalmente a volver a colocar en el centro la misericordia de Dios, a dar un mayor impulso a la evangelización, a ser una Iglesia alegre y gozosa, acogedora con todos, atenta a los más pobres”. Por eso al concluir el Jubileo, sentimos la necesidad de decir una vez más, desde lo profundo de nuestro corazón: ¡Gracias, Papa Francisco!

Fue el Papa Francisco quien nos invitó con fuerza a vivir el Jubileo, no tanto desde una celebración externa o un turismo religioso, sino como una verdadera oportunidad de renovación interior, de perdón, de alegría, de recomposición de lo personal y lo social. Lo decía abiertamente: “Lo importante es la capacidad de perdonar, de arreglar tantas historias personales que uno tiene ahí archivadas y no se anima a desempolvar, una verdadera conversión de vida”. Al llegar al final del Año Santo, queremos pedirle a Dios que los frutos de este tiempo de Jubileo se sigan manifestando en la vida de nuestras comunidades. Como decía el Papa León – con quien hemos comenzado a caminar con alegría también en este año, desde su elección el pasado 8 de mayo -, “el Jubileo llega a su fin, pero no termina la esperanza que este Año nos ha regalado: ¡seguimos siendo peregrinos de esperanza!… Sin esperanza, estamos muertos; con la esperanza, llegamos a la luz. La esperanza es generativa. De hecho, es una virtud teologal, es decir, una fuerza de Dios, y como tal genera, no mata, sino que hace nacer y renacer. Esta es la verdadera fuerza. Lo que amenaza y mata no es fuerza: es prepotencia, es miedo agresivo, es mal que no genera nada. La fuerza de Dios hace nacer.”

Y precisamente la Palabra de Dios en este domingo nos presenta a la Sagrada Familia obligada a huir, a ponerse en camino, a abandonar su tierra para salvar la vida del Niño. Herodes encarna esa prepotencia de la que habla el Papa: un poder que se siente amenazado por la fragilidad, que responde con violencia, que no genera vida sino muerte. Frente a un niño indefenso, el poderoso reacciona con miedo agresivo; frente a una promesa de salvación, responde con persecución.

A causa de esa prepotencia, Jesús, el Hijo de Dios, comienza su existencia como refugiado, como extranjero en una tierra que no es la suya. La Sagrada Familia conoce la inseguridad, la pobreza, la incertidumbre del mañana. No viven una fe protegida ni cómoda. Y sin embargo, en medio de esa experiencia dura y dolorosa, la esperanza no desaparece, porque no está puesta en las seguridades humanas, sino en la fidelidad de Dios que acompaña.

Allí se revela el verdadero contraste: Herodes tiene un poder terrenal, pero su fuerza no genera nada; la Sagrada Familia no tiene más que la fe, la obediencia y el amor, y sin embargo en ella está naciendo la salvación del mundo. Como nos recordaba el Papa León, lo que parece fuerte pero mata no es fuerza verdadera. La verdadera fuerza es el amor, es la fuerza de Dios, que hace nacer, que sostiene la vida aun en la fragilidad, que siempre hace renacer la esperanza.

En definitiva, la huida a Egipto es también una peregrinación. José, María y Jesús se convierten en peregrinos, caminando sin certezas humanas, confiando únicamente en la Palabra recibida en sueños y en la presencia silenciosa pero certera de Dios. No es una peregrinación triunfal, sino humilde; no es un camino de seguridad, sino de fe.

La Sagrada Familia, unida en el amor a pesar de las dificultades, nos revela así el camino de la misma Iglesia, Familia de Dios, que no está llamada a marchas triunfales, sino a la peregrinación humilde de la fe y de la esperanza que se entremezcla con la vida cotidiana y sufrida de nuestro pueblo. Nuestra Iglesia de Avellaneda-Lanús está llamada a seguir caminando como una familia que confía, que cuida la vida, que no responde a la prepotencia con violencia, sino que vive y anuncia la fuerza humilde del Evangelio.

Por eso, al mismo tiempo que concluimos con toda la Iglesia el Año Santo de la Esperanza, nos disponemos a vivir un especial año jubilar al cumplirse 25 años aquel 24 de abril de 2001 cuando, por decisión del Papa San Juan Pablo II, el territorio de Avellaneda y el territorio de Lanús se unieron en una nueva realidad diocesana. Queremos vivir este año como un tiempo de gracia que nos ayude a seguir fortaleciendo el vínculo sagrado que nos une como Pueblo de Dios que peregrina en esta porción de la Iglesia. Queremos que sea un tiempo de renovación personal y comunitaria, una verdadera experiencia de peregrinación fraterna que no se interrumpe, sino que se renueva y revitaliza para crecer en la misión evangelizadora.

Por eso hoy quiero proponerles que vivamos este tiempo de gracia con el lema: “Renovando la alianza, caminamos juntos”. Así, este año será una verdadera oportunidad de renovar el vínculo con Dios y entre nosotros, recordando que la alianza es siempre iniciativa suya, don gratuito de su amor fiel, que nos precede y nos sostiene. Como en toda la historia de la salvación, Dios vuelve una y otra vez a sellar su alianza con un pueblo frágil, no para reprocharle sus límites, sino para levantarlo, perdonarlo y volver a ponerlo en camino.

Renovar la alianza significa volver al corazón del Evangelio, reavivar la fe recibida, fortalecer la comunión entre nosotros y asumir con mayor decisión la misión que se nos confía como Iglesia diocesana en medio de tantos desafíos. Y hacerlo dejándonos conducir por el Espíritu Santo, protagonista silencioso pero decisivo de toda renovación eclesial, que anima, une, impulsa y abre caminos nuevos. Él es quien hace posible que la diversidad no divida, sino que enriquezca, y que la historia compartida se transforme en esperanza viva. Por eso también el Espíritu Santo, que está aquí representado en nuestra Iglesia Catedral, también está presente de un modo especial en el logo que acompañará nuestro jubileo diocesano.

“Caminamos juntos” expresa, además, una convicción profunda: somos Iglesia en clave de comunidad y de sinodalidad. Nadie camina solo, nadie se salva solo. Muchas veces nos recordaba el Papa Francisco un proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”. Queremos caminar juntos, y lo hacemos cuando nos escuchamos, cuando discernimos en común, cuando compartimos las cargas y también las alegrías, cuando hacemos de nuestras parroquias, movimientos y comunidades verdaderas casas de fraternidad y misión, cuando nos dejamos todos conducir el Espíritu Santo a donde Él quiera llevarnos.

Que este Año Jubilar Diocesano por los 25 años de Avellaneda-Lanús sea un tiempo fecundo de gracia, de memoria agradecida y de compromiso renovado. Sigamos peregrinando juntos, sostenidos por la esperanza que no defrauda, confiados en que el Señor camina con nosotros y renueva hoy su alianza para seguir haciendo nuevas todas las cosas. Encomendamos este camino común a la intercesión de Nuestra Señora de la Asunción y de Santa Teresa de Jesús.

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 28 de diciembre de 2025.