MENSAJE DE CERCANÍA CON LAS COMUNIDADES EDUCATIVAS

 

Queridos hermanos y hermanas de la diócesis de Avellaneda-Lanús:

En estos días, en diversas comunidades educativas de nuestro territorio y del país, han circulado mensajes generando inquietud y preocupación en estudiantes, familias y docentes, algunos de ellos vinculados a dinámicas propias de las redes sociales.

Habiendo leído y acogido el comunicado de nuestro Vicario General, Mons. Oscar López, como presidente de la JUREC, que orienta con claridad sobre los pasos a seguir y las medidas de cuidado necesarias, quiero acercarme como pastor con una palabra sencilla de cercanía.

Pienso especialmente en tantas familias y en los trabajadores de la educación que viven estas horas con preocupación. A todos ustedes, mi cercanía y mi oración. No estamos solos: somos comunidad, y en comunidad nos cuidamos.

Quiero también agradecer de corazón a quienes, aun fuera de horario y en medio de tantas exigencias, siguen trabajando con responsabilidad y compromiso para resguardar a nuestros estudiantes: equipos directivos, docentes, personal auxiliar, representantes legales, y administrativos, y todos aquellos que, desde distintos lugares, sostienen la vida cotidiana de nuestras escuelas. Su dedicación silenciosa es un verdadero servicio al bien común.

Este momento nos invita a renovar algo esencial: estar más atentos unos a otros. Escuchar más, acompañar sin apresurarnos a juzgar, abrir espacios donde nuestros chicos y chicas puedan expresar lo que viven y sienten.

En su reciente carta sobre la educación, el Papa León propone a las comunidades educativas actitudes muy concretas para este tiempo: “desarmen las palabras, levanten la mirada y custodien el corazón”. Desarmar las palabras, porque la educación no avanza con la polémica, sino con la mansedumbre que escucha; custodiar el corazón, porque “la relación está antes que la opinión, la persona antes que el programa”[1].

Sabemos que no todo puede tomarse a la ligera, pero también que detrás de muchos gestos hay búsquedas, temores o soledades que necesitan ser acogidas. Por eso, más que respuestas rápidas, necesitamos presencia cercana, vínculos reales y tiempo compartido. Como señala también el Papa, “no bastan las actualizaciones técnicas: es necesario custodiar un corazón que escucha, una mirada que anima, una inteligencia que discierne”[2].

Hoy más que nunca necesitamos de la alianza educativa —entre familia, escuela y comunidad—, que requiere intencionalidad, escucha y corresponsabilidad. Es un camino que, cuando se debilita, vuelve todo más frágil, pero cuando se fortalece, genera confianza y sostiene la tarea educativa. Los invito a todos a hacer de nuestras comunidades educativas lugares donde la vida se cuida, el respeto se aprende y cada persona es valorada.

Confiamos en el Señor Jesús, que nos recuerda: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Que esta certeza nos sostenga y nos anime a seguir cuidando la vida en todas sus formas.

Con afecto y oración,

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 17 de abril de 2026.

[1] Papa León XIV; Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza”, 11.

[2] Papa León XIV; Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza”, 5.