MENSAJE CON OCASIÓN DEL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO
DEL BEATO MAMERTO ESQUIÚ (1826-2026)

 

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo 11 de mayo celebramos los 200 años del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú. Quizás para muchos de nosotros, aquí en nuestra diócesis, su figura no nos resulte tan cercana. Sin embargo, su vida es un verdadero regalo para toda la Iglesia y para nuestra Patria.

En este aniversario, nos unimos con gratitud a la Iglesia que peregrina en Catamarca —de un modo especial en su tierra natal— y a todas las comunidades del país que celebran este bicentenario, dando gracias a Dios por el don de su vida.

Esquiú fue un fraile franciscano, un pastor y un hombre profundamente arraigado en su pueblo. Vivió con sencillez, predicó con claridad y se entregó con generosidad, especialmente a los más necesitados. Su testimonio no estuvo hecho de gestos extraordinarios, sino de una fidelidad cotidiana, vivida con hondura y coherencia.

En un momento decisivo de nuestra historia nacional, cuando el país buscaba organizarse y dejar atrás tiempos de enfrentamientos, supo ofrecer una palabra luminosa. Su recordado sermón en ocasión de la jura de la Constitución Nacional de 1853 fue una invitación clara a apostar por la unidad, el respeto a la ley y la construcción de un camino común.

Por eso lo reconocemos como “apóstol y ciudadano”: alguien que vivió su fe comprometido con la realidad de su tiempo, sin separarlas ni confundirlas, sino iluminándolas mutuamente.

Su beatificación, celebrada en 2021, ha sido un reconocimiento de la Iglesia a esta vida entregada, y una invitación a redescubrir su testimonio también hoy.

También nosotros vivimos tiempos que nos desafían. Experimentamos muchas veces tensiones, fragmentación y dificultades para encontrarnos. En este contexto, la figura de Esquiú nos invita a renovar algo muy profundo: volver a mirarnos como hermanos, aprender a escucharnos, cuidar los vínculos y animarnos a trabajar por el bien común.

Como Iglesia, estamos llamados a ser signo de unidad. Esto no se construye con grandes discursos, sino en lo cotidiano: en la paciencia para escuchar, en la disponibilidad para acompañar, en la decisión de no romper los lazos aun en medio de las diferencias.

Al celebrar este bicentenario, queremos dar gracias a Dios por su vida y pedir su intercesión por nuestra Patria, que tanto necesita redescubrir la cultura del encuentro a la que nos llamaba el Papa Francisco.

Que el Beato Mamerto Esquiú nos ayude a ser una Iglesia cercana, que camina con todos, que no se encierra, y que sabe tender puentes. Que interceda por nosotros para que nos animemos a ser también, en nuestra vida de cada día, un poco más apóstoles y ciudadanos, al servicio de la unidad.

Permaneciendo unidos en la oración, los acompaño con mi bendición.

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 06 de mayo de 2026.