MENSAJE POR LAS EXEQUIAS DE MARTHA IGLESIA
Queridos hermanos y hermanas:
Con mucha pena por no poder estar físicamente presente —como saben, me encuentro en el postoperatorio— me uno de corazón a esta celebración y, en nombre de toda la Iglesia que peregrina en Avellaneda-Lanús, elevo una palabra de gratitud por la vida de Martha.
Hablar de Martha es hablar de una mujer que hizo de su vocación profesional un verdadero servicio eclesial. Discípula de Viktor Frankl, asumió con hondura y fidelidad la escuela de la logoterapia, no solo como corriente psicológica, sino como una mirada profundamente humana y creyente sobre la persona: una mirada que reconoce que incluso en el dolor, en el límite y en la herida, existe un sentido que nos precede y nos llama.
Ella supo beber de esa fuente de primera mano y, como los grandes discípulos, no repitió simplemente un método: lo encarnó. Hizo propia esa convicción tan frankliana de que el hombre no está determinado únicamente por sus condicionamientos, sino orientado por una libertad interior que lo abre a la trascendencia y a la responsabilidad. Y desde allí acompañó, enseñó, escribió, pensó… y, sobre todo, escuchó.
Pero si algo queremos destacar hoy —más allá de sus méritos académicos y profesionales— es su pertenencia silenciosa y fecunda a nuestra vida eclesial. Martha atravesó nuestra historia diocesana casi sin hacer ruido, como lo hacen los que construyen de verdad. Representa, en este sentido, una verdadera figura de esos testigos de la fe que, en este Año Jubilar Diocesano, estamos llamados a reconocer con memoria agradecida en nuestras comunidades. Desde pequeña ligada a la parroquia, comprometida con iniciativas pastorales, cercana a la Catedral, fue una presencia constante, discreta y profundamente fiel. Su profunda devoción a la Virgen María – vivida con la confianza filial propia de la espiritualidad de Schoenstatt – fue para ella un sostén interior y una fuente permanente de entrega y esperanza.
Su opción por los pobres no fue un discurso, sino vida concreta. Su cercanía al dolor —pienso en su vínculo entrañable con el Cottolengo y con tantos hermanos sufrientes— mostraba una fe muy alta y, al mismo tiempo, profundamente humana. No miraba desde arriba; se acercaba. No analizaba desde la distancia; compartía. Ella misma solía decir, desde muy joven, que había descubierto cuál era su misión: “hacer sonreír a los tristes, encender los corazones apagados y sembrar amor”. Y esa convicción sencilla iluminó silenciosamente toda su vida. Así supo ver en cada herida un misterio, y en cada persona una dignidad inviolable.
En sus últimos años, esa misma grandeza interior se hizo todavía más luminosa. A pesar de su prestigio y su sólida formación, eligió —o, mejor dicho, dejó que Dios la condujera— a la sencillez de los pequeños. Se la veía feliz entre los más simples, agradecida por los cuidados recibidos, viviendo una humildad que coronó toda su trayectoria. Terminó como viven los grandes en el Reino de Dios: entre los pequeños.
Martha fue pionera en un tiempo en que la psicología no siempre encontraba fácilmente su lugar en ámbitos eclesiales. Supo tender puentes, abrir caminos, dialogar con profundidad y, al mismo tiempo, mantener un perfil bajo. Nunca buscó protagonismo; buscó servir. Y eso la vuelve aún más grande.
Hoy damos gracias a Dios por su inteligencia, por su sensibilidad, por su fe pensada y su pensamiento creyente. Damos gracias por su testimonio silencioso, por su fidelidad histórica a nuestra diócesis, por haber enriquecido nuestra Iglesia con una presencia que no hizo ruido, pero dejó huella.
Que el Señor, a quien ella buscó comprender en el misterio del sufrimiento humano, la reciba ahora en la plenitud del sentido que tantas veces ayudó a descubrir en los demás.
Martha, gracias.
Gracias por tu vida entregada.
Gracias por tu servicio discreto.
Gracias por haber sido, entre nosotros, una grande entre los pequeños.
Descansa, ahora, en la paz del Señor.
Con afecto y oración, en nombre de toda la Diócesis.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda-Lanús, 28 de febrero de 2026.
