LA COMUNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL CELEBRÓSUS FIESTAS PATRONALES Y LOS 50 AÑOS DE LA BENDICIÓN DEL TEMPLO
La comunidad de la parroquia Santiago Apóstol, en Lanús Oeste, vivió una jornada de profunda acción de gracias el pasado sábado 25 de julio. La celebración de sus fiestas patronales coincidió esta vez con un hito histórico: el 50° aniversario de la bendición e inauguración de su templo, consagrado en 1976 por el entonces obispo de Lomas de Zamora, monseñor Desiderio Collino.
Los festejos populares comenzaron por la tarde con una concurrida procesión que recorrió las calles del barrio, encabezada por las imágenes de Santiago Apóstol y de Nuestra Señora del Pilar. A su paso, numerosos vecinos salieron a las veredas para recibir la bendición en un clima de marcada alegría y fervor. La nota de color y tradición la aportó la colectividad gallega, que acompañó la peregrinación con sus músicas y bailes típicos, rindiendo honores a las raíces del santo patrono.
El broche de oro de la novena preparatoria fue la Santa Misa, presidida por el obispo diocesano, monseñor Marcelo (Maxi) Margni, ante un templo completamente colmado. Durante su homilía, el pastor invitó a reflejarse en la figura de Santiago, quien descubrió que la verdadera grandeza radica en el servicio y en la entrega por los demás. En ese sentido, interpeló a los presentes: «Lo importante no es quién conduce la comunidad, sino que todos aprendamos a caminar juntos con Jesús en medio. Ese será el verdadero fruto de este tiempo».
Monseñor Margni también trazó un emotivo puente histórico al recordar que el mismo 25 de julio de 1976, mientras se inauguraba este templo, en La Rioja era martirizado el beato Wenceslao Pedernera. “Mientras la violencia pretendía apagar una Iglesia comprometida con los pobres, el Espíritu seguía haciendo nacer comunidades. Mientras unos sembraban muerte, Dios seguía sembrando Evangelio”, reflexionó, conectando ambos hechos como muestras de un Dios que jamás abandona a su pueblo.
En el contexto del Jubileo por los 25 años de la diócesis de Avellaneda-Lanús, y bajo el lema “Renovando la alianza, caminamos juntos”, el obispo animó a los fieles a consolidar una Iglesia servicial, que custodie la dignidad humana y camine en unidad, inspirada en el testimonio de su patrono y del beato riojano.
La celebración fue también un espacio para la gratitud. El obispo reconoció especialmente la labor del padre Sebastián Zagari, administrador parroquial, por su entrega pastoral en los meses previos a su viaje a Roma para profundizar sus estudios. Asimismo, agradeció el valioso acompañamiento del seminarista Patricio Ramírez y del padre Osvaldo de Piero, quien apuntalará a la parroquia en esta nueva etapa, además de destacar la presencia del padre Carlos Lorenzo Santiago, misionero llegado desde Galicia que actualmente colabora en la diócesis.
Antes de la bendición final, la emoción se multiplicó al compartirse un saludo enviado especialmente por monseñor Francisco José Prieto Fernández, arzobispo de Santiago de Compostela. Acto seguido, se leyó la bendición apostólica concedida por el papa León XIV con motivo de las bodas de oro del templo, un broche institucional de enorme valor para los fieles.
La jornada culminó con un festivo encuentro fraterno en las instalaciones parroquiales, donde la música, las danzas tradicionales y las comidas típicas sellaron una noche inolvidable. De este modo, la comunidad de Santiago Apóstol no solo dio gracias por medio siglo de historia compartida, sino que renovó con entusiasmo su compromiso de seguir anunciando el Evangelio, caminando unida y al servicio de su gente.
La Homilía del Padre Obispo Maxi se encuentra a continuación
HOMILÍA EN LAS FIESTAS PATRONALES
DE LA PARROQUIA SANTIAGO APÓSTOL DE LANÚS
Querida comunidad:
La Providencia suele escribir con una delicadeza que solo descubrimos cuando miramos la historia con ojos de fe.
Hoy celebramos a Santiago Apóstol. El Evangelio nos lo presenta en un momento muy humano. Él y su hermano Juan sueñan con los primeros puestos. Quieren estar cerca de Jesús, pero todavía imaginan un Reino de honores y privilegios. Jesús no les apaga el deseo; lo purifica. Les dice que la verdadera grandeza no consiste en ocupar un lugar de poder, sino en beber su cáliz, en hacerse servidor y en dar la vida.
Y Santiago comprendió. Aquel que un día pidió sentarse a la derecha del Señor fue el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Él. Descubrió que el lugar más cercano a Jesús no era el del prestigio, sino el de la entrega.
Pero hoy nuestra memoria se llena de otra coincidencia cargada de sentido.
Hace exactamente cincuenta años, un 25 de julio de 1976, mientras en La Rioja asesinaban al laico Beato Wenceslao Pedernera por vivir con coherencia el Evangelio junto a los campesinos, aquí, en nuestro barrio de Lanús, Mons. Desiderio Collino, obispo de Lomas de Zamora, daba comienzo a esta comunidad de Santiago Apóstol.
Qué contraste tan profundo. Mientras la violencia pretendía apagar una Iglesia comprometida con los pobres, el Espíritu seguía haciendo nacer comunidades. Mientras unos sembraban muerte, Dios seguía sembrando Evangelio. Mientras en una casa humilde de Sañogasta un mártir entregaba su vida, aquí comenzaba silenciosamente la historia de esta parroquia.
No son dos historias separadas. Son dos maneras de hablar del mismo Dios, que nunca abandona a su pueblo.
Wenceslao era un campesino, esposo y padre de familia. No buscó protagonismo. Se dejó transformar por la Palabra de Dios hasta hacer de su vida un servicio. Defendió la dignidad de los trabajadores rurales, promovió el trabajo cooperativo, abrió su casa a los vecinos y, cuando llegaron a matarlo delante de su esposa Coca y de sus hijas, dejó como última herencia estas palabras: «No odien; yo ya los perdoné».
Eso es beber el cáliz de Cristo. Eso es comprender lo que Santiago tardó un tiempo en aprender: que la verdadera grandeza consiste en amar hasta el final.
Por eso, celebrar hoy el Jubileo de los veinticinco años de nuestra diócesis adquiere un significado todavía más hondo. “Renovando la alianza, caminamos juntos” no es solo un lema. Es una invitación a reconocer que nuestra historia está hecha de muchos que caminaron antes que nosotros, algunos entregando incluso la vida para que el Evangelio siguiera fecundando nuestra tierra.
Las orientaciones pastorales que estamos comenzando a recorrer encuentran aquí una hermosa síntesis. Renovar la alegría del Evangelio, reconstruir la alianza entre nosotros y ser una Iglesia samaritana que cuida la dignidad humana no son ideas abstractas. Tienen el rostro de Santiago, que aprendió a servir; tienen el rostro de Wenceslao, que entregó su vida perdonando; y tienen que tomar también nuestro rostro, aquí y ahora.
Por eso quiero dar gracias por este nuevo tiempo que comienza a vivir esta comunidad. Gracias al padre Sebastián Zagari, al seminarista Patricio Ramírez y al padre Osvaldo de Piero por asumir con generosidad este servicio. Lo importante no es quién conduce la comunidad, sino que todos aprendamos a caminar juntos con Jesús en medio. Ese será el verdadero fruto de este tiempo.
Y agradecemos también la presencia del padre Carlos Lorenzo Santiago, que viene de la tierra del Apóstol y nos trae la memoria viva de tantos peregrinos que, desde hace siglos, recorren el Camino de Santiago. Ellos saben que lo importante no es llegar antes que los demás, sino dejarse transformar durante el camino. Quizá esa sea la gracia que hoy debemos pedir.
Que esta comunidad, nacida hace cincuenta años el mismo día en que un mártir de nuestra Patria Grande entregaba su vida, nunca olvide cuál es su vocación. No buscar los primeros puestos. No medir su fecundidad por el prestigio. Sino ser una comunidad que sirve, que camina unida, que cuida a los pequeños y que, aun en medio de las dificultades, nunca deja de creer que el amor tiene la última palabra.
Que Santiago Apóstol y el beato Wenceslao Pedernera intercedan por nosotros. Que, renovando la alianza, caminemos juntos con la humildad del servidor, la valentía del mártir y la esperanza del peregrino.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda-Lanús, 25 de julio 2026
