LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS PEREGRINÓ A LUJÁN
EN EL MARCO DE SU JUBILEO

 

El sábado 5 de septiembre, al comenzar el mes, la diócesis de Avellaneda-Lanús realizó su tradicional peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Luján. La jornada tuvo un sentido especial al enmarcarse en el Jubileo diocesano, que celebra los 25 años de la integración de Avellaneda y Lanús y los 65 de la creación de la diócesis.

Desde temprano, numerosas comunidades colmaron la Basílica Nacional para compartir un día de encuentro, oración y fraternidad. A las 11, el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni presidió la Eucaristía, concelebrada por casi todo el presbiterio diocesano, diáconos permanentes, consagrados y servidores.

La Misa contó con la animación del Coro Diocesano, que interpretó al inicio el Himno de los 25 años, compuesto por el cantautor Daniel Poli. En los momentos previos, se reconoció también a Roberto Bande, el diácono permanente más antiguo de la diócesis, al cumplirse 29 años de su ordenación. Al comenzar la celebración, el Padre Obispo Maxi saludó a la Diócesis de La Pampa y su obispo Luis Martínez, que tammbién hacían su peregrinación diocesana y agradeció la hospitalidad de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján y de los servidores del Santuario.

En su homilía, Mons. Margni invitó a contemplar a María al pie de la cruz y a confiarle la vida de cada familia y comunidad. En un momento entrañable, compartió su gratitud por el afecto y las oraciones recibidas tras la cirugía cardíaca a la que fue sometido meses atrás, recordando las palabras de su equipo médico al darle el alta: «Dígale a su gente que los ruegos han sido escuchados».

«Me siento lleno de salud y de ganas, y creo que mucho tiene que ver con la oración de todos ustedes», afirmó el Padre Obispo, reflexionando además sobre el lema jubilar «Renovando la alianza, caminamos juntos» y la importancia de reavivar cotidianamente el vínculo con Dios. Asimismo, pidió poner en el corazón de María a las comunidades que atraviesan dificultades y agradeció la labor de quienes sostienen la fe en el territorio.

Tras la comunión, mientras una imagen peregrina recorría la Basílica, el padre Juan Carlos Jaudoszyn ofreció una meditación mariana. Antes del final, el Padre Obispo Maxi encomendó la diócesis a la intercesión del Cardenal Beato Eduardo Pironio ante su lugar de memoria.

La organización de este año estuvo a cargo del Decanato Avellaneda Norte y se anunció que la edición 2027 será preparada por el Decanato Avellaneda Sur. Tras la Misa, mientras los fieles compartían el almuerzo en los espacios recreativos de Luján, el Padre Obispo permaneció en el Santuario saludando y bendiciendo de cerca a los peregrinos, coronando una jornada de fe, memoria y renovada esperanza diocesana.

LA HOMILÍA DEL PADRE OBISO MAXI SE ENCUENTRA A CONTINUACIÓN

Homilía del Padre Obispo Maxi
en la Peregrinación Diocesana a Luján

 

Queridos sacerdotes, diáconos, consagrados, querido pueblo de Dios aquí reunido:

Es una alegría grande encontrarnos, una vez más, en este lugar sagrado, en cada peregrinación diocesana. Sin lugar a dudas, es un espacio muy fuerte de encuentro, de oración y de gratitud. Aquí estamos nosotros como comunidades, como familias, como pueblo; estamos Avellaneda y Lanús.

Hoy, como cada año, salimos muy temprano. Entre las siete y las ocho de la mañana, nuestras comunidades comenzaron a reunirse, los micros partieron desde los distintos lugares de nuestro territorio y llegamos hasta este Santuario para celebrar juntos esta Eucaristía.

Y septiembre muchas veces nos regala este sol primaveral, como una caricia de esperanza. Pareciera decirnos que el sol siempre está dispuesto a abrir tiempos nuevos, a acariciar la naturaleza para que florezca y dé fruto. Y también nos recuerda que nosotros estamos llamados a vivir esa misma esperanza en medio de tantas cruces y dificultades, como la experiencia misma de Jesús en el Evangelio de hoy.

Pero allí está ella: su Madre, al pie de la cruz.

Por eso venimos con un corazón disponible para ofrecerle nuestras cruces, nuestros dolores, nuestras preocupaciones. Venimos a volver a sentir que el Señor nos la entrega como Madre; una Madre capaz de escuchar, de sanar, de reconciliar.

En estos micros hemos venido todos. Han venido desde nuestros barrios los más necesitados, las familias trabajadoras, quienes conservan su trabajo y sus posibilidades, nuestros vecinos de cada día. Aquí estamos todos.

Es una de las convocatorias más fuertes que tiene nuestra diócesis, no porque la hagamos nosotros, ni el obispo, ni los sacerdotes. Venimos todos porque nos llama la Virgen y porque hay un amor inmenso que tenemos por ella y que sentimos también de parte de ella hacia nosotros.

Y yo vengo, como tantos de ustedes, a darle gracias de un modo muy especial.

Hace casi siete meses me operaron del corazón. Me hicieron un tajo grande y fueron horas difíciles, en las que también llegué a prepararme para partir. Ya se los conté en la celebración del Corpus Christi. Cuando el equipo médico me dio el alta, uno de los médicos me dijo: «Dígale a su gente que los ruegos han sido escuchados. Los resultados son inmejorables».

Por eso hoy vengo con ustedes a darle gracias a la Virgen. Y también vengo a darles gracias a ustedes por tanta oración, por tanto sostenerme. Me siento lleno de salud y de ganas, y creo que mucho tiene que ver con la oración de todos ustedes.

Muchas gracias.

El cirujano, después, me dijo algo que también me quedó grabado: «Usted sabe que los cardíacos después quedan muy sensibles, lloran fácil. Y usted no sabe lo que era antes ni sabe lo que va a ser ahora».

Y aquí estamos.

Este año hemos venido con el Jubileo y con un lema que nos acompaña: «Renovando la alianza, caminamos juntos».

¿Lo decimos juntos?

«Renovando la alianza, caminamos juntos».

Quiero decirlo simplemente: esa alianza no es solamente la alianza de la diócesis con su historia. Es también la alianza de cada uno de nosotros con Jesús. Son esos pactos de amor que hacemos con Dios y que queremos renovar una y otra vez.

Uno vive haciendo alianza con el Señor en cada paso, en cada latido, en cada momento de la vida. Vivimos apasionadamente enamorados de Él, de su fuerza, de su gracia, de su amor, y queremos estar a la altura de ese amor tan grande que Él nos brinda.

Queremos ser buenos. ¿Para qué? Queremos ser buenos porque hemos descubierto cuánto nos ama.

Claro que queremos. Pero no siempre nos sale bien.

Perdemos fuerzas, nos enojamos, nos debilitamos, dejamos pasar oportunidades. Nos enojamos o nos entristecemos. Y hay una tristeza que también puede esconder un pecado: esa tristeza que tira para abajo, que nos encierra, que se apodera del corazón.

Por eso necesitamos renovar la alianza. Necesitamos volver a mirar al Señor, volver a dejarnos alcanzar por su gracia y recordar que nuestra vida no está sostenida solamente por nuestras propias fuerzas.

Y hoy quiero pensar también en nuestras comunidades. En esos lugares de fe que atraviesan tormentas y que, muchas veces, siguen caminando aun en medio de las dificultades.

Mientras ponemos en el corazón de nuestra Madre la vida de nuestras comunidades, damos gracias por nuestros hermanos, por las servidoras y los servidores que sostienen también nuestra vida y nuestra fe.

Damos gracias por nuestros sacerdotes, nuestros diáconos y nuestros consagrados.

Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Luján, 05 de septiembre de 2026