FIESTAS PATRONALES 2026
EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
El sábado 15 de agosto la Catedral de Avellaneda-Lanús celebró con gran alegría la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Debido a las inclemencias del tiempo, fue necesario suspender la primera parte de la celebración, la tradicional procesión por las calles, pero la adversidad climática no impidió que la comunidad se congregara masivamente para honrar a la Virgen.
Los actos comenzaron a las 15.30, con la bendición de la nueva imagen de Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en la entrada de la Iglesia Catedral. La imagen quiere expresar la presencia maternal de María que recibe y acompaña a cuantos ingresan al templo, especialmente a quienes llegan buscando una palabra de consuelo, de fortaleza y de esperanza, conduciéndolos siempre hacia Jesús.
Luego de la bendición, el cielo se vistió de fiesta con una salva de humo azul y blanco, evocando los colores del manto de la Virgen, acompañada por serpentinas plateadas que celebraron este momento tan significativo para la comunidad.
A continuación, el clero, los seminaristas, acólitos y diáconos permanentes, junto al Nuncio Apostólico y a los obispos presentes, ingresaron solemnemente a la Catedral. Acompañaron la celebración monseñor Marcelo (Maxi) Margni, obispode Avellaneda-Lanús; monseñor Rubén Frassia, obispo emérito de Avellaneda-Lanús; monseñor Carlos Tissera, obispo de Quilmes; y monseñor Alejandro Benna, obispo de Morón.
La Catedral se encontraba completamente colmada. A pesar del mal tiempo, una multitud de fieles se hizo presente para celebrar a la Virgen de la Asunción, manifestando una vez más el profundo cariño y la devoción que la comunidad de Avellaneda-Lanús le profesa.
También participaron autoridades municipales, encabezadas por la intendenta de Avellaneda, arquitecta Magdalena Sierra, junto a autoridades y representantes de los municipios de Avellaneda y Lanús.
La Santa Misa tuvo un clima particularmente festivo y entusiasta. Durante la celebración, el Nuncio Apostólico dirigió a la comunidad unas palabras cargadas de calidez y cercanía. Invitó a contemplar en María la plenitud de la humanidad redimida, aquella humanidad creada para Dios y llamada, como la Virgen, a participar de la vida eterna y a alcanzar el destino para el cual fue creada.
Al finalizar la celebración eucarística tuvo lugar un momento especialmente significativo. La intendenta de Avellaneda y el presidente del Honorable Concejo Deliberante hicieron entrega al Nuncio Apostólico de la distinción de Ciudadano Honorario de Avellaneda, con motivo de su visita a la ciudad y a la Catedral.
Posteriormente, el párroco, padre Gabriel Favero, expresó palabras de agradecimiento y presentó dos acontecimientos de especial valor para la historia de la comunidad.
En primer lugar, destacó la donación realizada por la familia Santos de la imagen de Nuestra Señora de Luján que durante tantos años se encontraba en uno de los accesos a la ciudad de Avellaneda y que, en los últimos tiempos, fue custodiada por el señor Néstor Santos, director del diario La Calle. La imagen vuelve así a quedar vinculada a la vida y a la memoria religiosa de la ciudad.
El padre Gabriel recordó también que la celebración de este 15 de agosto tenía una particular resonancia histórica, ya que un 15 de agosto de 1961, hace 65 años, asumía el gobierno pastoral de la recientemente creada Diócesis de Avellaneda su primer obispo, monseñor Emilio Di Pasquo.
Aquel acontecimiento significó un momento fundacional para la vida de la Iglesia local. La llegada de monseñor Di Pasquo había despertado una enorme expectativa, especialmente por su sensibilidad pastoral y por el particular perfil que se buscaba para una diócesis profundamente vinculada al mundo del trabajo y a la realidad social de Avellaneda.
Como parte de este homenaje a la memoria diocesana, se proyectó un video que recordó aquel histórico 15 de agosto de 1961. El material reunió los testimonios de la arquitecta María Déscole, del exembajador argentino ante la Santa Sede Carlos Kuster y del exintendente de Avellaneda Luis Sagol, quienes aportaron sus recuerdos y miradas sobre aquel momento fundacional.
La jornada concluyó con la bendición final y un encuentro fraterno. El Nuncio Apostólico, junto a los obispos presentes y los integrantes del Consejo Presbiteral, compartieron una merienda en el salón del Centro Gallego, prolongando en un clima de fraternidad la celebración de esta fiesta tan querida por la comunidad.
Así, aun cuando la lluvia obligó a suspender la tradicional procesión, la celebración del 15 de agosto pudo vivirse con toda su fuerza. La Virgen de la Asunción volvió a reunir a la comunidad en torno a Jesús, uniendo la alegría de la fe con la memoria agradecida de la historia diocesana y renovando la esperanza en el destino al que todos estamos llamados: la vida plena en Dios.
