CUATRO NUEVOS DIÁCONOS PARA LA DIÓCESIS

 

Por la Oración y la Imposición de manos del Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni el viernes 14 de noviembre fueron ordenados diáconos permanentes Daniel Cáseres, Néstor Gerez, Walter Michel y Gabriel Minichielo en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Lanús Este, en un clima de alegría para toda la Iglesia diocesana.

Con el acompañamiento de sus esposas y familias, sacerdotes y diáconos, y numerosos fieles de distintas comunidades de la diócesis, el Padre Obispo Maxi recordó en su homilía que el diaconado es un ministerio de servicio, a imitación de Jesús servidor, que “no vino a ser servido, sino a servir”.

A partir del llamado de los levitas en el libro de los Números, el Obispo destacó tres rasgos esenciales de este ministerio: ser servidores disponibles, ser puentes que conducen al encuentro con Dios y custodiar lo sagrado. Dirigiéndose especialmente a sus familias, agradeció la entrega y el acompañamiento, recordando que el hogar es el primer lugar donde se aprende y se ejercita el servicio evangélico.

Al final de la celebración se anunciaron los destinos pastorales que el Obispo asignó a los nuevos diáconos: Nestor Gérez, en la Parroquia Santa Inés, de Lanús Este; Walter Michel, en la Parroquia Nuestra Señora de los Trabajadores, de Villa Caraza; Gabriel Minichiello, en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de Lanús Este; y Daniel Caseres, en la Parroquia San Juan María Vianney, de Monte Chingolo.

Rezamos por los nuevos diáconos para que el Señor y la Virgen bendigan este ministerio para el cual han sido ordenados.

 

Homilía del Obispo

FIESTA HOMILÍA PARA LA ORDENACIÓN DIACONAL

Parroquia, Sagrado Corazón de Jesús de Lanús Este
Viernes 14 de noviembre 2025

 

• Daniel David CÁSERES
• Néstor Antonio GEREZ
• Walter Omar MICHEL
• Gabriel Lorenzo MINICHIELLO

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría nos reunimos esta tarde en la casa del Señor para celebrar un don que es para toda la Iglesia. La comunidad del Sagrado Corazón de Jesús recibe hoy la bendición de ver consagrados al Orden del diaconado a Daniel, Néstor, Walter y Gabriel, cuatro hermanos nuestros que, acompañados por sus esposas, sus hijos, sus familias y sus comunidades, han caminado un largo trayecto de discernimiento, formación, oración y servicio.

La Palabra de Dios que acabamos de escuchar ilumina el sentido profundo de este ministerio.

“Pondrás a los levitas a las órdenes de Aarón” (Num 3, 5–9)

En la primera lectura, el Señor habla a Moisés y le confía una misión precisa: llamar a los levitas y ponerlos al servicio de Aarón y de toda la comunidad.

La Escritura muestra claramente tres rasgos:

1. Ser servicio: los levitas están puestos a disposición. No se pertenecen a sí mismos.
2. Ser puente: su tarea es colaborar para que el pueblo pueda encontrarse con Dios en la Carpa del Encuentro.
3. Cuidar lo sagrado: se les confía el mobiliario, los objetos y los gestos que sostienen y acompañan la vida espiritual del pueblo.

Hoy, queridos Daniel, Néstor, Walter y Gabriel, de algún modo ustedes entran en esta misma corriente de servicio. La Iglesia los llama para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, ayuden al Obispo y al presbiterio en el anuncio de la Palabra, en el servicio del altar y en la caridad pastoral. Van a servir al Pueblo de Dios no sólo con funciones litúrgicas, sino —sobre todo— con un corazón disponible, sencillo y fraterno.

“Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura” (1 Tim 3, 8–12)

San Pablo, al hablar de los diáconos, es muy concreto. No describe funciones, sino estilo de vida:

• hombres respetables, de una sola palabra;
• moderados, sobrios;
• libres de ambición y de intereses deshonestos;
• hombres capaces de ser probados y encontrados fieles;
• hombres que viven la fe con una conciencia limpia.

Y agrega algo precioso: los diáconos casados deben ser esposo de una sola mujer y buenos conductores de su casa y de sus hijos.

Esto no es una exigencia administrativa. Es una expresión profunda del Evangelio: el primer lugar donde se ejerce el ministerio es la familia, que para ustedes es el espacio donde aprendieron a amar, a servir, a perdonar, a acompañar, a sostener y a orar. Hoy la Iglesia reconoce ese camino como parte esencial de la vocación que reciben.

Queridas esposas, hijas e hijos, familiares: En ustedes también cae hoy la unción del Espíritu. No porque reciban un sacramento, sino porque el Señor los asocia al ministerio que estos hombres van a ejercer. Gracias por acompañarlos, por sostenerlos, por ayudarlos a vivir con entrega y serenidad esta misión que comienza.

“No vino a ser servido, sino a servir”

Todo en el diaconado se resume en Jesús servidor. Ustedes serán ministros del altar; proclamarán el Evangelio; prepararán el sacrificio; administrarán el Bautismo; asistirán y bendecirán matrimonios; llevarán el Viático a los enfermos; presidirán exequias; animarán la caridad; acompañarán a los pobres y a los que sufren.

Pero sobre todo, la Iglesia pide que vivan con el corazón de Cristo, que lavó los pies de sus discípulos y se hizo hermano de los últimos.

Por eso la ordenación les pedirá:
• humildad y amor en el servicio,
• espíritu de oración,
• fidelidad a la Liturgia de las Horas,
• vida evangélica irreprochable,
• pureza de corazón,
• cercanía con los pobres,
• estilo sencillo, sobrio y transparente.

El pueblo cristiano espera ver en ustedes no funcionarios, sino testigos; no ejecutores de tareas, sino hombres que contagien el Evangelio por la serenidad de su vida, por la paz que transmiten, por la escucha atenta, por la caridad operante.

A ustedes cuatro: Queridos Daniel, Néstor, Walter y Gabriel:

Esta tarde el Señor les dice, con la misma fuerza con la que llamó a los primeros discípulos:

“Síganme, y sirvan conmigo”.

La Iglesia los considera dignos; ustedes ofrecen su voluntad y prometen obediencia; el Espíritu Santo completará lo que falta —como siempre— con su gracia. A partir de hoy serán reconocidos como ministros de Jesucristo siervo, con una misión precisa en la diócesis de Avellaneda-Lanús. Sean hombres de oración, hombres de familia, hombres de comunión; cuiden la fraternidad con sus hermanos diáconos y sacerdotes; permanezcan unidos al Obispo; vivan cerca del pueblo que se les confía. Y recuerden siempre: Un día en los atrios del Señor vale más que mil fuera de ellos.

Si conservan el misterio de la fe con una conciencia pura, si viven lo que proclaman, si sirven con humildad y alegría, entonces podrán escuchar al final de los días la palabra que todo cristiano anhela: “Muy bien, servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor”.

Pidamos a Jesús Siervo que los acompañe y proteja siempre.

Que interceda por ustedes para que sean diáconos según su corazón y que la Bienaventurada Virgen María de la Asunción les muestre siempre el camino de Esperanza. Amén

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús