FIESTA DE SAN CAYETANO EN AVELLANEDA-LANÚS
UN CLAMOR DE FE, JUSTICIA SOCIAL Y ESPERANZA EN TIEMPOS DIFÍCILES
La Diócesis de Avellaneda-Lanús vivió la fiesta de San Cayetano —patrono de la paz, el pan, y el Trabajo— con gran intensidad y fervor popular durante toda la jornada del jueves 7 de agosto. El Santuario de San Cayetano en Lanús fue epicentro de una celebración que convocó a miles de peregrinos, vecinos y referentes sociales, que expresaron una profunda devoción que se extiende a lo largo y ancho de toda la diócesis.
Desde la medianoche del 6 de agosto, el Santuario abrió sus puertas para recibir a fieles que llegaron con ofrendas, velas y plegarias, con un recorrido de misas continuas que se extendieron durante toda la jornada. La tradicional fila para saludar a San Cayetano fue un signo visible de la devoción popular, mientras equipos y servidores diocesanos -liderados por el joven sacerdote Alan (Rolo) Rolón— que se prepararon durante meses atendieron y cuidaron a todos los peregrinos.
La procesión que recorrió las calles del barrio por la tarde convocó a una gran multitud, que acompañó con cantos, oraciones y espíritu comunitario. En esta manifestación popular estuvieron también presentes el Intendente de Lanús Julián Álvarez, y dirigentes políticos, servidores públicos, vecinos y líderes sociales de las distintas realidades de Lanús y Avellaneda, que reflejó la dimensión social y comunitaria de la fiesta.
La Eucaristía central fue presidida por el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni, que estuvo acompañado por el “Padre Rolo”, administrador parroquial de San Cayetano, el Padre Lucas Ceccoli, actual párroco de Santa Inés y anterior responsable del Santuario, y los diáconos Ezequiel Pi Dote y Juan Rolón. Durante toda la jornada, numerosos sacerdotes, diáconos y seminaristas de la diócesis participaron activamente en las celebraciones con compromiso pastoral.
En su homilía, Monseñor Margni centró su mensaje en el Evangelio de Lucas 12,32-34, y recordó la expresión de Jesús: “No temas, pequeño rebaño”. En un tono de ternura y realismo, resaltó que esta imagen invita a reconocer la fragilidad de la comunidad cristiana, vulnerable, ante las dificultades sociales y económicas, y a la vez asegura que el Reino es para los pequeños, no para los poderosos. Invitó a confiar en Dios y a desafiarse a vivir con el corazón puesto en la solidaridad, la justicia social y el cuidado mutuo.
El Padre Obispo Maxi, además, advirtió que la realidad que enfrentamos en Argentina es dura y compleja. En línea con el reciente mensaje de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, subrayó que “la falta de trabajo digno hiere profundamente la dignidad humana, genera desarraigo, aislamiento y desesperanza. Resaltó que ninguna política o plan económico puede considerarse exitoso si provoca la pérdida del empleo o la angustia e incertidumbre sobre el futuro de las familias trabajadoras. Por ello, destacó la importancia de valorar todas las formas honestas de trabajo —desde el empleo formal hasta los pequeños emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado y las changas— y la necesidad de reconocer, acompañar y proteger estas actividades que sostienen la vida y el tejido social”.
Además del Santuario de Lanús, la devoción a San Cayetano se expresa en otros pequeños santuarios y comunidades a lo largo de la diócesis, que mantienen viva esta tradición popular y pastoral. En Avellaneda, la cuasi-parroquia San Cayetano en Villa Castellino concentra también a numerosos fieles, mientras que en Lanús Oeste la capilla Nuestra Señora de Luján y San Cayetano, perteneciente a la parroquia San José de Pompeo, es otro espacio donde se renueva la fe en el santo. En Villa Corina, la parroquia de la Santísima Trinidad sostiene una comunidad dedicada a San Cayetano, que contó con la presencia del obispo emérito Rubén Frassia, quien acompañó con su testimonio y oración.
La fiesta de San Cayetano en esta diócesis representa un grito solidario. Este año, frente a un contexto social marcado por un modelo económico que prioriza el individualismo y la exclusión, con la lógica de “sálvese quien pueda” y el debilitamiento del compromiso con los sectores más vulnerables, la cantidad de peregrinos fue más intensa. En este marco, la Iglesia diocesana animada por su obipspo renueva su compromiso con la doctrina social y su llamado a construir una sociedad más justa, donde la paz, el pan y el trabajo no sean un privilegio, sino un derecho para todos.
San Cayetano sigue siendo faro de esperanza para quienes buscan el sustento digno y la dignidad del trabajo, y punto de encuentro para una comunidad que no se resigna, que reza y camina unida, con la confianza en que Dios abre caminos nuevos para su pequeño rebaño.
