MENSAJE DEL PADRE OBISPO
CON OCASIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

 

Queridos hermanos y hermanas:

Vivimos en un tiempo de muchas luces y pocas miradas. Un tiempo hiperconectado, pero profundamente solo. Un mundo donde crece el individualismo, donde cada uno cuida lo suyo mientras se enfrían los vínculos, y donde el otro muchas veces deja de ser hermano
para convertirse en amenaza. El egoísmo se disfraza de libertad, el desinterés se vuelve costumbre y el odio circula con facilidad, especialmente en las palabras y en las redes. Hay cansancio, bronca acumulada y una peligrosa indiferencia frente al dolor ajeno.

En este clima, toda pregunta profunda incomoda. Preguntar por el sentido de la vida, por la verdad, por Dios, parece fuera de lugar. Algo parecido ocurrió cuando nació Jesús: Jerusalén se turbó y Herodes se inquietó. No porque faltara religión o poder, sino porque la
verdadera Luz no encaja con los intereses ni con las seguridades instaladas.

En medio de esa noche aparecen los Magos. No vienen a imponer ni a controlar, vienen a buscar. Hacen una pregunta sencilla y peligrosa: «¿Dónde está el Rey que acaba de nacer?» Ellos no tenían el camino asegurado, solo una estrella. Y eso les alcanzó para ponerse en
marcha. La fe es así: no nos da todas las respuestas, pero sí una luz suficiente para dar el próximo paso.

La estrella no los llevó al palacio de Herodes, sino a un espacio humilde. Allí encontraron a un niño con su madre. Dios no se manifiesta en el brillo del poder ni en la fuerza que domina, sino en la fragilidad del amor que cuida. El Rey que buscan no aplasta, no excluye, no enfrenta: reúne, abraza y salva.

Los Magos se postran y ofrecen sus dones. La fe no es solo emoción ni ideas: es entrega. Es abrir los cofres de la propia vida y poner delante de Jesús lo que somos, con lo que brilla y con lo que duele.

Y entonces sucede algo decisivo: vuelven por otro camino. No es solo para evitar a Herodes. Es porque el encuentro con Cristo cambia la manera de vivir. Quien se deja encontrar por Jesús no puede seguir caminando igual. La Epifanía no termina en Belén: continúa en
la conversión de la vida cotidiana.

Hoy, seguir la estrella significa animarse a vivir distinto en una cultura que empuja al sálvese quien pueda. Volver por otro camino es elegir el cuidado frente a la indiferencia, el encuentro frente a la soledad, la comunidad frente al individualismo. Es animarse a tejer vínculos, a sostener al que cae, a no pasar de largo frente al dolor del otro.

En este tiempo herido, ser cristianos es aprender a cuidar: cuidar la vida, cuidar los vínculos, cuidar la casa común y cuidarnos entre nosotros. Como los Magos, estamos llamados a ser caminantes que no se encierran en sí mismos, sino pequeñas estrellas que ayudan a
otros a no perder el rumbo.

En esta fiesta de la Epifanía – mientras la Iglesia universal concluye este tiempo de gracia que ha sido el Año Santo de la Esperanza – le pedimos al Señor un corazón inquieto, una fe valiente y la gracia de construir comunidad allí donde el mundo propone soledad.

 

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 06 de enero de 2026.