MISA CRISMAL EN EL AÑO JUBILAR DIOCESANO
DE AVELLANEDA-LANÚS
En la noche del Miércoles Santo, 1.º de abril, se celebró la Misa Crismal en la Catedral diocesana de Avellaneda-Lanús, una de las expresiones más profundas de la comunión eclesial en el corazón de la Semana Santa. La celebración tuvo un carácter jubilar en este año en que toda la diócesis está celebrando los 25 años de la unión de Avellaneda y Lanús en una nueva realidad diocesana.
Debido a la convalecencia del Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni, que se encuentra en proceso de recuperación luego de una cirugía de reparación de la válvula mitral y que por indicación médica no pudo presidir la celebración, la Eucaristía fue presidida por el obispo emérito, Mons. Rubén Oscar Frassia.
Al inicio de la celebración el Vicario General, Pbro. Óscar López, compartió con la asamblea un mensaje del Padre Obispo Maxi, que, unido espiritualmente a su pueblo, expresó su gratitud por las oraciones recibidas y el cariño manifestado durante este tiempo: “Hoy les doy gracias con un corazón reparado y fortalecido”. Asimismo, agradeció especialmente a Mons. Frassia por presidir la celebración.
En su saludo, el Padre Obispo destacó el valor de esta Eucaristía como signo de comunión y renovación: “En esta Eucaristía se renueva la gracia de nuestro sacerdocio y la comunión que nos sostiene como Iglesia”, y aseguró su oración por los sacerdotes y diáconos. También recordó que todo el Pueblo de Dios participa del sacerdocio de Cristo por el Bautismo, invitando a los fieles a vivir su vocación como testigos en medio del mundo, llevando “consuelo, esperanza y misericordia”.
En el marco del Año Jubilar Diocesano, bajo el lema “renovando la alianza caminamos juntos”, Mons. Margni invitó a dar gracias por los 25 años de la diócesis de Avellaneda-Lanús y subrayó la importancia de la unidad, evocando el camino recorrido desde sus inicios.
Durante la Misa Crismal se bendijeron los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagró el Santo Crisma, que serán utilizados a lo largo del año en la administración de los sacramentos en toda la diócesis. Asimismo, los sacerdotes renovaron las promesas de su ordenación, en un signo elocuente de comunión y fidelidad en el ministerio.
En su homilía, Mons. Frassia invitó a centrar la vida cristiana y el ministerio en Jesucristo, subrayando que “Cristo tiene que ser siempre el primero, la persona más importante de nuestra vida”. Recordó que todo —las relaciones, las tareas y la misión— encuentra su verdad cuando está sostenido por el primado del Señor.
El obispo emérito destacó que la Iglesia es el Pueblo de Dios reunido en torno a Cristo, redimido por su entrega en la cruz y enviado a anunciar su nombre en la historia. En este sentido, alentó a vivir con autenticidad la vocación recibida, recordando que “nadie puede comunicar lo que no vive”, e invitó a amar a la Iglesia “como Cristo la amó: de manera concreta, encarnada y real”.
Al referirse al camino diocesano, evocó con gratitud los 25 años de la unión de Avellaneda y Lanús: “Se nos agrandó la mesa, se sumaron nuevos rostros y aprendimos a caminar hacia un solo corazón y una sola alma”, expresó, destacando la riqueza de esta comunión que sigue siendo un don y una tarea.
Asimismo, subrayó la necesidad de una fe convencida para anunciar el Evangelio en el mundo actual: “El contenido no cambia, aunque debamos renovar el lenguaje”, afirmó, alentando a sostener con claridad y valentía la misión evangelizadora.
Finalmente, exhortó a vivir una Pascua auténtica, que transforme la vida: “Que el paso del Señor por nosotros no sea superficial, sino que su amor, su entrega y su perdón nos cambien de verdad”. Y concluyó recordando que la misión se realiza plenamente cuando Cristo ocupa el centro: “Si nos ubicamos bien, ayudaremos también a que otros encuentren su lugar”.
La celebración tuvo un significado especial al ser presidida por Mons. Frassia, quien acompañó y pastoreó en sus inicios la unión de Avellaneda y Lanús, dando a esta Eucaristía un tono de memoria agradecida y renovado compromiso.
La comunidad diocesana vivió así una noche de profunda comunión, en la que pudo renovar su fe y su misión en torno a Cristo, centro y primacía de la Iglesia.
A continuación, se comparten fragmentos de la homilía de Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo emérito de Avellaneda-Lanús.
CRISTO: CENTRO y PRIMACÍA DE LA IGLESIA
Fragmentos de la Homilía de la Misa Crismal, a 25 años de la unidad de Avellaneda–Lanús, presidida por Mons. Frassia, obispo emérito, durante la convalecencia de Mons. Margni
Queridos sacerdotes y diáconos, querida vida consagrada, seminaristas y querido pueblo fiel:
Celebramos la Misa Crismal, una celebración que brota del corazón mismo de la Pascua de Jesús. Allí encuentra su sentido más profundo: en ese misterio de Dios que se hizo presente en su Hijo, enviado por el Padre y sostenido por el Espíritu Santo, para cumplir su voluntad.
Por eso, para nosotros, Cristo tiene que ser siempre el primero. La persona más importante de nuestra vida. Todo lo demás es secundario. Nuestras relaciones, nuestras tareas, nuestras misiones, sólo encuentran su verdad cuando están sostenidas por el primado de Jesucristo. Es a Él a quien seguimos, de Él somos discípulos, y es a Él a quien buscamos imitar.
Somos Iglesia, Pueblo de Dios, unidos por su carne, su sangre y su Espíritu. Él nos ha redimido en la cruz, nos ha llamado y nos ha confiado una misión: hacer presente su nombre en la historia. Anunciar al Encarnado, al Crucificado, al que murió y resucitó.
Cada uno ha recibido un don. Ese don es gracia, pero también responsabilidad. Porque nadie puede comunicar lo que no vive. Por eso hoy pedimos la gracia de amar a la Iglesia como Cristo la amó: de manera concreta, encarnada, real.
Nuestra diócesis ha recorrido un camino. Hace 25 años comenzamos a ser Iglesia de Avellaneda-Lanús. Se nos agrandó la mesa, se sumaron nuevos rostros, nuevas historias, y aprendimos a caminar hacia un solo corazón y una sola alma. Esa unidad es una riqueza que debemos cuidar y hacer crecer.
Pero para que Cristo esté presente en todos —en los grandes y en los pequeños, en los niños y en cada rincón de nuestra comunidad— necesitamos convicción. Si no estamos convencidos, no vamos a transmitir nada.
El mundo ha cambiado, la sociedad ha cambiado. Pero el Evangelio sigue siendo el mismo. El contenido no cambia, aunque debamos renovar el lenguaje para anunciarlo.
Que en esta Pascua el paso del Señor por nuestra vida no sea superficial. Que no sea una celebración más. Que su entrega, su amor, su perdón, nos transformen de verdad.
Porque la Iglesia siempre tiene algo que decir, algo que transmitir, algo que comunicar. Y si callamos, no es que Dios pierda fuerza: somos nosotros los que dejamos de ser fieles a la misión.
Pidamos hoy que el Señor bendiga a toda nuestra diócesis de Avellaneda-Lanús: al obispo, a los sacerdotes, a los diáconos, a la vida consagrada y a todo el pueblo fiel. Que nos bendiga a todos, porque todos tenemos una misión.
Esa misión se realiza cuando Cristo es el centro. Si queremos ocupar su lugar, daremos poco. Pero si nos ubicamos bien, ayudaremos también a que otros encuentren su lugar.
Cuando uno tiene las cosas claras, no se confunde… y no confunde a los demás.
Que esta sea verdaderamente la Pascua de Jesús en nosotros. Que su amor nos habite con fuerza, en nuestra vida, en nuestro ministerio, en nuestra vocación.
Que la Virgen nos acompañe, que los santos nos sostengan, y que nunca olvidemos: fuimos elegidos para amar más.
Que así sea.
☩ Mons. Rubén Oscar Frassia
Obispo emérito de Avellaneda-Lanús
Avellaneda-Lanús, 1.º de abril de 2026.
