APUNTES PARA LA HOMILÍA DEL DOMINGO DE PASCUA
CATEDRAL DE AVELLANEDA-LANÚS
(Mateo 28,1-10)
La Pascua no es una escena para mirar, es un acontecimiento para creer.
Evangelio según San Mateo no describe un “hecho” como crónica,
sino una irrupción de Dios que sacude todo:
el terremoto no es geología, es teología.
Se derrumba el mundo viejo
donde la muerte parecía tener la última palabra.
Las mujeres van al sepulcro buscando un cuerpo…
y reciben una misión.
Buscan al Crucificado y son enviadas al Viviente.
Ahí está el giro: la fe no consiste en aferrarse al pasado,
sino en dejarse desinstalar por un Dios que siempre va por delante.
Los guardias, en cambio, representan otra actitud:
el miedo que se aferra al orden conocido,
aunque ese orden sea de muerte.
La Pascua divide:
o te abrís a la novedad de Dios
o te refugiás en seguridades que se caen.
El Resucitado no se demuestra: se encuentra.
Y ese encuentro no resuelve mágicamente los problemas,
pero cambia la mirada.
Las mujeres salen “con temor y gran alegría”:
fe pascual es esa mezcla, no certeza fría sino vida encendida.
Por eso el mandato es claro:
“vayan”. La fe que no se anuncia se vuelve sepulcro.
La Iglesia nace corriendo, no explicando.
Hoy la Pascua sigue siendo esto:
Dios no nos ahorra la muerte,
pero la atraviesa con nosotros.
No nos saca de la historia,
la transforma desde dentro.
Creer en la Resurrección
es animarse a vivir como si la vida ya hubiera vencido.
No busquen entre muertos al Viviente.
La piedra no tapa nada: Dios la corre.
La Pascua no se prueba, se anuncia.
Quien lo encuentra deja el sepulcro y corre.
La vida venció. Aunque tiemble todo, hay futuro.
Y empieza hoy.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda-Lanús, 05 de abril de 2026.
