50 años de presencia de las Hermanitas de Jesús

en Monte Chingolo

Acción de gracias y memoria agradecida en la Capilla San Roque González y compañeros mártires

 

El sábado 27 de diciembre la comunidad de Monte Chingolo celebró con profunda alegría y emoción los 50 años de presencia de las Hermanitas de Jesús en el barrio. La Eucaristía en acción de gracias fue presidida por el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni en la Capilla San Roque González de la Santa Cruz y compañeros mártires, y concelebrada por el párroco Padre Leonardo Chimento, junto a una nutrida asamblea que quiso acompañar y homenajear a las hermanas por tantos años de vida compartida.

Fue una celebración sencilla y muy significativa marcada por el clima de gratitud y memoria. Durante la misa, el Padre Obispo Margni dio la palabra a las hermanas presentes —Camila, Graciela, Carmen, Adriana y Paula— quienes compartieron testimonios sobre la historia y el carisma de las Hermanitas de Jesús no solo en Monte Chingolo, sino también en distintos puntos de la diócesis de Avellaneda-Lanús. Sus palabras ayudaron a recorrer una historia hecha más de presencia fiel que de protagonismos, más de cercanía cotidiana que de grandes obras visibles.

En su homilía y en las palabras finales de reconocimiento, el Padre Obispo Maxi destacó el modo en que las Hermanitas han encarnado, durante cinco décadas, el espíritu de Nazaret: una fe vivida desde la sencillez, el trabajo, la vecindad y la escucha, en sintonía con el carisma de Charles de Foucauld y de la hermana Magdalena, fundadora de la congregación. Una presencia silenciosa y luminosa, profundamente evangélica, en una diócesis atravesada por fuertes heridas sociales.

Al finalizar la celebración, la comunidad compartió un momento fraterno en el que se proyectó un video que reconstruyó la historia de la presencia de las Hermanitas en el barrio, poniendo especial énfasis en el acompañamiento a la Cooperativa de Vivienda “12 de Diciembre”. Se recordó cómo las hermanas llegaron a vivir inicialmente en la pequeña villa de Vías Muertas y, junto a los vecinos y vecinas, impulsaron un trabajo colectivo que permitió concretar un barrio popular, articulando esfuerzos con distintos niveles del Estado municipal, provincial y nacional. Una experiencia concreta de organización comunitaria y promoción humana, nacida desde abajo y sostenida en el tiempo.

También se evocaron los primeros años de la presencia de las Hermanitas en Monte Chingolo, que coincidieron con tiempos de gran conflictividad social, en particular con los acontecimientos de diciembre de 1975 vinculados al asalto al Batallón Viejobueno. En ese contexto de violencia y dolor, la opción de las hermanas por quedarse, compartir la vida del pueblo y acompañar desde la cercanía cotidiana, adquiere un valor aún más elocuente y evangélico.

Varias personas de la comunidad tomaron la palabra para expresar, con entrañable cariño, recuerdos y vivencias compartidas con las Hermanitas a lo largo de los años. Fue un momento profundamente humano y agradecido, que incluyó también el homenaje a aquellas hermanas que estuvieron desde la primera hora y que hoy ya no están entre nosotros, pero cuya huella permanece viva en la memoria del barrio y de la diócesis.

La celebración concluyó en un clima de fiesta sencilla y profunda, dando gracias a Dios por estos 50 años de presencia fiel, por el testimonio silencioso y perseverante de las Hermanitas de Jesús, y por todo lo que su vida compartida sigue sembrando en Monte Chingolo y en la Iglesia de Avellaneda-Lanús.

La homilía completa del Padre Obispo Maxi se trascribe a continuación.

PALABRAS DE RECONOCIMIENTO
50 AÑOS DE PRESENCIA
DE LAS HERMANITAS DE JESÚS
EN MONTE CHINGOLO.

 

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, ese misterio tan sencillo y tan hondo:
Dios que no eligió un palacio, sino una casa; no eligió el poder, sino la cercanía; no eligió el ruido, sino la vida compartida.

Y a la luz de este Evangelio, queremos dar gracias por los 50 años de presencia de las Hermanitas de Jesús en Monte Chingolo.

Cincuenta años no de obras visibles, sino de vida entregada. No de grandes palabras, sino de presencia fiel. No de protagonismo, sino de Nazaret vivido en nuestros barrios.

Desde Isla Maciel, pasando por Villa Jardín, Monte Chingolo, Dock Sud y otros lugares de nuestra diócesis, ustedes eligieron estar, compartir la suerte del pueblo, habitar la vida tal como es. Y eso es profundamente evangélico.

Como la Sagrada Familia, vivieron una fe encarnada,
una fe que se hace vecindad, trabajo, escucha, mesa compartida,
una fe que no se impone, sino que acompaña.

En una diócesis marcada por tantas heridas sociales —la pobreza, la violencia, la soledad— su presencia ha sido un signo silencioso pero luminoso:
un recordatorio de que Dios no abandona,
de que la Iglesia también es una casa pequeña en medio del barrio.

Hoy, como obispo, pero también como hermano, quiero decirles gracias.
Gracias por su fidelidad discreta.
Gracias por sostener la esperanza sin estridencias.
Gracias por enseñarnos que el Evangelio se anuncia, muchas veces, simplemente quedándose.

Gracias queridas Hermanitas Camila, Graciela, Carmen, Adriana y Paula por el regalo de sus presencias y el carisma que comparten.

Que la Sagrada Familia de Nazaret las siga inspirando, y que nuestra diócesis siga aprendiendo de ustedes que el Reino crece allí donde alguien decide amar sin hacerse notar.

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Monte Chingolo, 27 de diciembre de 2025.