MISA DE NOCHEBUENA

 

La noche del miércoles 24 de diciembre la Catedral de Avellaneda-Lanús se llenó de fieles para celebrar la Misa de Nochebuena, presidida por el Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni. En su homilía, el Obispo reflexionó sobre la persistencia de la noche de Belén en la historia humana, donde destacó que la Navidad no suprime la oscuridad del mundo, sino que la habita con una presencia humilde.

El Padre Obispo Maxi enfatizó que la salvación no brota del mérito aislado, sino de una comunión que cuida, y que cuidar no es un gesto secundario, sino un acto profundamente teológico. “En Belén, Dios se deja cuidar para decirnos que el cuidado es el lenguaje primero del amor”, afirmó. La homilía también recordó las palabras del Papa Francisco, invitando a la Iglesia a ser testigo fiel del anuncio del amor de Dios.

La Misa de Nochebuena concluyó con un mensaje de esperanza y amor, recordando que la luz de la esperanza cristiana puede llegar a todas las personas, y que la Iglesia custodia esa luz cuando hace comunidad frente al aislamiento y convierte el cuidado de la vida en su modo de estar en el mundo. En esta Noche Santa el Obispo se detuvo en oración y bendijo la representación del Pesebre que fue preparada en el frente de la Iglesia Catedral.

La homilía completa del Padre Obispo Maxi se trascribe a continuación.

 Homilía – Misa de Nochebuena

 

La noche de Belén no ha quedado atrás: continúa en la historia humana. En esa noche que persiste, la Palabra se hace carne y la luz de Dios permanece encendida. La Navidad no suprime la oscuridad del mundo; la habita con una presencia humilde que no se impone, pero tampoco se retira. Así nace Dios: no apagando la noche desde afuera, sino encendiéndola desde dentro.

En el pesebre se revela una verdad decisiva del Evangelio: nadie se salva por sí mismo. El Hijo eterno nace frágil, confiado a los brazos de María, al cuidado silencioso de José, a la cercanía de quienes se animan a acercarse. La salvación no brota del mérito aislado, sino de una comunión que cuida. Frente a la promesa engañosa de la autosuficiencia, Belén proclama que la vida se sostiene en vínculos y no en logros solitarios.

Por eso, cuidar no es un gesto secundario ni privado: es un acto profundamente teológico. En Belén, Dios se deja cuidar para decirnos que el cui-dado es el lenguaje primero del amor. Donde alguien se detiene para sostener al otro, la Encarnación vuelve a acontecer. En un tiempo que descarta, acelera y abandona, la Navidad afirma que la esperanza respira allí donde la fragilidad es reconocida como lugar sagrado.

Esta noche recordamos con gratitud al Papa Francisco y hacemos nuestras sus palabras, que hoy resuenan como herencia y compromiso: «Que la luz de la esperanza cristiana pueda llegar a todas las personas, como mensaje del amor de Dios que se dirige a todos. Y que la Iglesia sea testigo fiel de este anuncio en todas partes del mundo».

La noche continúa, pero la luz no se apaga. La Iglesia custodia esa luz cuando hace comunidad frente al aislamiento y convierte el cuidado de la vida en su modo de estar en el mundo, hasta que siga siendo verdad el canto de los ángeles: paz en la tierra a los hombres y mujeres amados por Él.

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda, 24 de diciembre de 2025.